El nuevo porno o del otro lado de los “hudud”

Ponencia presentada en Chefchaouen, Marruecos, el 27 de octubre en el marco del XIIIEIDE.

El nuevo porno o del otro lado de los “hudud”

Valentina Viettro

Empiezo aclarando, aunque no debe haber peor forma de comenzar una exposición,  lo hago con excusas y les cuento a calzón quitado, (una expresión muy graciosa que usamos en mis tierras para decir sin tapujos), que estas palabras que voy a compartir con ustedes están repletas de intuiciones, nociones recientemente obtenidas, investigaciones a mitad de camino y corazonadas varias. Por suerte, entre todo esto, recurro a gente que estudió, a ellas: gracias.

Antes de confirmar mi venida a este encuentro no conocía a Fátima Mernissi, algo que al principio me hizo sentir bastante culpable pero que al comentarlo con mi entorno noté que el resto tampoco la conocía, de hecho, tras leer por primera vez un libro de su autoría llamé a mi editor y le pregunté quién publicaba a Fátima Mernissi en Uruguay, nadie. Resulta que la Random House había sacado algunos de sus títulos pero estos nunca se llevaron a Uruguay. Me ofreció un compilado de Susan Sontag…Esa es otra historia.

Un mes después recorrí Andalucía, no me pareció que hubiera mejor sitio para encontrarme con la obra de Fátima Mernissi, así que de cada pueblo intenté llevarme un libro pero por más que insistí solo conseguí hacerme de tres: Sueños en el umbral, El harén en Occidente y Las sultanas olvidadas. Una vez más confirmé el hecho de que por más que una mujer hiciera un trabajo intelectualmente impresionante, y además altamente productivo, esto no bastaba. Había que difundirla, había que ocupar por todos los medios los espacios que nos permiten visibilidad.

Mernissi o Fátima, como le llamo cuando me pongo dicharachera, se concentra en dos ejes de trabajo, uno de ellos basados en la historia y en la reconstrucción de esta desde una perspectiva femenina y con el firme objetivo de rescatar la memoria de las mujeres. Y un segundo eje lingüístico-filosófico que nos permite desmembrar el uso de la lengua para desde ella, como testigo histórico, entendamos qué pasó y dónde estamos paradas. Ella sabía que “la chances de ser feliz dependían de su habilidad para manejar las palabras”, esto que afirma en El harén en occidente hace referencia a la palabra erudita, algo que estaba restringido a los hombres que al pasar a manos de las mujeres parecería que más que construir torres de babel sería posible que constituyera armas para su liberación, estas palabras funcionan como vehículos que nos llevan a habitar nuevos lugares.

De este desmembramiento de saberes, hay al menos tres nociones que quedaron resonando en mi cabeza: una de ellas es harem, prima hermana de esa que se llama haram, que prohíbe un poco de todo al contrario de su archienemiga hallal que es más de permitir, hurra enemiga de la anterior y que en lo más estricto del término se refiere a las mujeres libres, (aunque en detalle solo tenga que ver con mujeres de cierto status), algo que mantiene actualidad. Y un tercero que también comienza con h y le dicen had, el límite o hudud, los límites o fronteras como lo traduce Mernissi para hablar de esos espacios prohibidos, o lo que es lo mismo, no permitidos para la mujer.

“No es escondiéndote que una mujer puede resolver sus problemas. Por el contrario, ella se convierte en una víctima perfecta”, extracto de Sueños en el umbral.

Mernissi se encarga de poner luz sobre lo escondido, expone lo íntimo para mostrar que la censura no lleva al silencio, si no que lo contiene dentro de los límites de sus posibilidades, en este caso el harén. Por qué no, pensar que existen tantos harenes como lugares ilógicos de reclusión son posibles, ¿la idea de que las mujeres no podemos hablar públicamente de las características de nuestra naturaleza sin molestar a alguien, (a un hombre en general), no guardará relación con esto?

Reconozco que me sorprendió felizmente con el comienzo de El harén en Occidente, cuando en la introducción lo primero que hace es hablar de la mujer nómada, una mujera alada que si incurre en el error de no usar sus alas, cae en el dolor y probablemente en la muerte. “La mujer del vestido de plumas” es una mujer capaz de abandonar su hogar, una a la que le duele más traicionarse que cumplir con el espacio asignado. ¡Qué mujer atrevida!  En cambio el señor Mernissi, (su padre), afirmaba lo contrario y decía que “toda transgresión llevaba forzosamente a la anarquía y por ende a la desgracia”, había que respetar los hudud.

Agrega ella más adelante en el mismo libro que “las fronteras son líneas imaginarias que existen en la mente de los guerreros” y de las guerreras, apuntaría yo en referencia a todas esas mujeres que decidieron pasar del otro lado. Sin duda que cuando Fátima niña, grande e investigadora nos muestra la importancia de lo erótico en la vida del hogar, en la vida universitaria, de trabajo o como profesional está sin duda contrariando a su padre, poniendo el pié del otro lado.

Entendí gracias a ella la importancia de este término en el mundo árabe y comencé a medir la vida en territorios. Y como yo soy de esas personas de pensamiento onírico que enganchan una escena con otra, un libro, una charla, una palabra. Aparte de sentir que Mernissi se estaba refiriendo a algo que me resultaba conocido, pensé en esos límites que habían rodeado las causas y los cuerpos. He hilando casualidades fue que me encontré defendiendo el trabajo de Erika Lust, una cineasta sueca radicada en Barcelona que entendió que una de las formas de dignificar el lugar de la mujer era hacer porno femenino.

Abro paréntesis y aclaro que a lo largo de este texto he decidido utilizar el término porno, para probar hacer ese ejercicio que una hace cuando comienza a repetir una palabra infinitas veces hasta que esta suena ridícula, no corresponde a lo que usualmente denominamos con ese sonido y esas letras y hasta podemos imaginarnos que eso es otra cosa.

Continúo; Erika Lust al igual que Fátima Mernissi, realiza un relato sobre, entre otras cosas, los cuerpos. La segunda nos habla de “la dictadura del la talla 38”, algo que cualquier chica de occidente tuvo oportunidad de vivir y la primera realiza films donde se exponen todo tipo de personas, géneros y cuerpos. Películas realizadas por un equipo fundamentalmente compuesto por mujeres que conciben situaciones y protagonistas que tienen algo en común que es la pretensión de alejarse del modelo heteronormativo del ser humano, sobretodo el de la mujer.

“En la actualidad, la pornografía está dominada por hombres de más de 30 años y siempre trae la misma perspectiva del sexo: chauvinistas blancos de mediana edad, obsesionados con pechos y penes”, explica Lust.

En cambio, en sus películas se puede ver una hermosa fotografía, historias en donde las personas se hablan, hay mujeres sin cirugía, hombres con penes de tamaño conocido, escenarios no siempre sórdidos, situaciones que no normalizan las formas de abuso y donde increíblemente la mujer obtiene el placer que busca. Una pantalla que muestra a la mujer como un ser que siente deseo. Todas las prácticas sexuales y los distintos géneros están invitados a la pantalla.

Esa fue una de las primeras veces que vi como una mujer recibía sexo oral sin censura, de repente alguien decidió que los labios vaginales, el clítoris y sus alrededores pertenecían al mundo que podía ser visto y no a ese sitio oscuro donde guardamos lo que no queremos ver.

Con estas ideas en la cabeza y dudando como siempre de todo es que me encontré con un grupo de chicas que publica un fanzine llamado: Mais Porno Por Favor!. Me cuentan que este se produce entre Berlín y Recife y se publica en portugués. Lo primero que me pregunté es por qué hacer un fanzine en este momento, en esta época, ¿no es algo del pasado? La respuesta era muy simple, los contenidos no podían esperar los tiempos editoriales, hay una inmediatez que se impone y una necesidad que puja.

Tuve la curiosidad de saber por qué reivindicaban el hecho de hablar del érotismo y usar el término porno. Revisando en sus archivos encontré esto: “Es una publicación independiente que nos habla de la “apropriación del termino “pornografia” para propagar en el mundo poesía erótica queer y feminista (…), con el objetivo de cambiar la lógica misógina, sexista, transfóbica, homofóbica y capitalista del porno mainstream”.

Parece que la hermandad de las palabras no tiene fin, así que ahora le tocaba el turno a la familia de las “p” y esta nos dice que porno podría tener que ver con política. Sí, aunque parezca increíble, lo que parecía tan privado y vivía en la soledad del consumo, en la intimidad de un cuarto, bajo la luz blanca del baño, lo privado también se escribe con p de político. Entonces, capaz que estas mujeres que decidieron hacer públicos sus deseos, ponerlos en pantalla, hacerlos parte de sus relatos, ponerlos en valor, por primera vez no estaban hablando de su corazón, de su sensibilidad, de sus sentimientos, no hablaban de amor, estaban hablando de política. Y entre otras cosas decidieron que tanto lo erótico como lo porno podían existir alejados de la explotación sexual, de nuevo, un término que existió bajo la lógica patriarcal asociado a la esclavitud, bajo un esquema feminista es capaz de existir ligado a la idea de liberación.

“Aún cuando se trate de separarlos, el comportamiento amoroso y el comportamiento político extraen sus principios de las mismas fuentes”, extracto de Las sultanas olvidadas.

Todo este cúmulo de reflexiones que yo llamo intuitivas o iniciáticas ya que constituyen el borrador de muchos pensamientos vinieron luego de publicar mis dos primeros cuentos eróticos en un diario. -La primera publicación de la que mi familia nunca opinó- Para mí lo más trascendente era publicar ficción en un periódico, hasta que entendí que eso que a mi me parecía “divertido” aún pertenecía al mundo de lo escondido, a un lugar donde las mujeres no estaban invitadas. Muchas personas fueron las que me preguntaron por qué no publicaba bajo un pseudónimo. Fue así que decidí que escribiría un libro, empecé a sumar relatos y al año publiqué Sexualidades Monstruas, un compilado de cuentos eróticos ilustrados por Fermín Hontou, un importante ilustrador uruguayo. En sus diversas presentaciones así como en otras actividades performáticas en las que participo se repitió la necesidad del anonimato, varios artistas que participaron actuando, leyendo o performeando cambiaron sus nombres.

Por su parte, el libro, sin que yo tuviera una intención previa fue adoptado por las comunidades feministas y lgtbiq en distintas ciudades de Uruguay, un libro que simplemente estaba despojado de prejuicios, en el que una mujer hablaba de sexo de manera explícita y eso ya era suficiente para volverse bandera de libertad.

En estos últimos tiempos se encuentran cada vez más mujeres que rescatan la memoria de otras, desde las sultanas de Mernissi, las militantes feministas recopiladas por Marta Brancas a los cuadros de mi amiga Noe Cor, todas y cada una responsables de sus tiempos escribiendo la historia, porque llega un momento en que el compromiso precisa volverse acción y hacerse cargo pasa por tener conciencia, crear memoria y ocupar el mundo en su completitud.

En marzo estuve en Marruecos y me pasó una situación que pudiéndose ser normal se transformó en una verdadera anécdota y hasta yo la cuento y me río. Por esos días que estuve viajando y encontrando amigos llegué a una casa de campo, una casa a pocos kilómetros de Dlem Lamik donde conseguí incrustarme en la vida diaria de una familia. Una familia típica marroquí, una familia de campaña, hermosa, solidaria. Una mañana salimos con otras mujeres, (al igual que yo extranjeras), al mercado. El hombre de la casa nos acompañó, era un hombre simpático, querido. Camino al mercado me bajó la menstruación, para mi esto conlleva siempre un tema aparte, algo complicado y sobretodo algo que difícilmente podemos llamar “período” o “regla” porque no respeta ninguna noción de regularidad. En fin, que en esa situación me tocaba conseguir toallitas femeninas o tampones, pero claro que mi escueto árabe que apenas da para saludar en las mañanas se encontraba imposibilitado de nominar mis necesidades. Así que luego de mirar todos los puestos posibles con la esperanza de decir: “endek ladysoft”, tuve que recurrir a Hassan. Fue difícil explicarle lo que quería. Luego que lo entendió quedó pálido, supongo que en su mente pasaban las escenas posibles ante los señores del mercado, quizás su esposa jamás le había hecho un pedido así, ni sus hijas. Lo compró, me trajo una bolsita con las toallas y me dijo “por dios espero que sea esyo”. Al final terminó riéndose. A la tarde le contó al resto lo que yo le había hecho, nos hicimos amigos. Ojalá, traspasar los límites no fuera más que una anécdota que termina en amistad.

 

POEMA:

Qué viene, que no, sonríe.

No pienses, total…

Todo es bendición.

 

Vos y tus Days,

brushing y tapa ojera.

 

Roja la cama,

el vaquero,

el colchón.

 

Nosotras, especiales.

Always free teenagers.

 

Espléndida,

no es nada,

sana sana…

 

Normal, natural,

Lady y Soft.

 

Bombardeame que

sangrando soy.

 

Vendeme, tapame.

Doblada en contracción,

condenada en los papeles.

 

Hediendo,

duro el vientre,

duro el riñón.

Siempre libre.

 

Mimosa, ya lo vas a disfrutar,

peor es que no venga Andrés,

la regla, la enfermedad.

 

Pañal, tapón, hinchazón…

Sí, te entiendo.

¿Por qué no te callás?

 

Material para descargar:
_El nuevo porno o del otro lado de los “hudud”

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