vale

Vivías tantas vidas
y una mañana despertaste.

Soñaste tanto, tanto soñaste,
que la confusión no te dejó saber
cuando era que se paraba la máquina.

                                                   (¡Pará!)

Tanto soñaste,
que un ronquido inmenso
se alojó en tu oreja
y las palabras de amor
salieron corriendo
porque ya no encontraron su plaza.

Dormiste, soñaste y te estiraste
remolona,
tanto te estiraste
que solo conseguiste acomodarte en tus adentros
y en ese universo de límites compactos
dormiste y descansaste y
volviste a soñar.

Hasta esa mañana que decúbito despertaste
y con las manos te apoyaste
y te estiraste y te estiraste,
tanto te estiraste que tu cuerpo gritó
incontenible,
¡yo soy mi vida, mi vida soy yo!

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